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30 artistas nacionales e internacionales exponen sus trabajos por toda La Gacilly.

Ponte cómodo. Coge los auriculares y da al play a la lista de canciones que más abajo te propongo para hacer esta ruta en coche por Bretaña. Te invito a descubrir los rincones más pintorescos de la costa oeste de Francia. Pasear por uno de los mejores Festivales galos de Fotografía al aire libre de La Gacilly, conocer el impresionante Château de Josselin, descubrir el ambiente de la capital Rennes, de día y de noche, retroceder al medievo en la encantadora Vannes, surcar las aguas del Golfo de Morbihan y saborear uno de sus manjares: las ostras. Un placer para la vista, el sabor y la imaginación.

La Gacilly

Aterricé en el aeropuerto de Nantes, mi punto de partida en mi ruta por Bretaña. Llegué tarde y me alojé en uno de los hoteles aledaños a la terminal, a menos de diez minutos  caminando. Una opción cómoda si llegas o sales a deshoras. A primera hora de la mañana, con Nina Simone y su maravillosa Ain´t got no/I got life puse rumbo a uno de los pueblos con más encanto y arraigo de la región: La Gacilly. Nada más llegar, me llamó la atención el reguero de coloridos geranios y llamativas rosas y begonias que decoraban las principales calles de la localidad: desde la Relais Postal, Saint-Vicent y la Rue la Fayette hasta la orilla del río l´Aff. Paseando por ellas me dejé llevar por el martilleo de un carpintero, el tintineo de las agujas de la máquina de coser de una modista y me planté delante de un orfebre que amasaba con sumo cariño su preciosa vasija. 35 ceramistas, cristaleros, pintores, zapateros y modistas mantienen en la conocida Ciudad de las Artes y Oficios su “Atelier”. Los dos negocios más antiguos son el de Laurent Guédron que trabaja el cuero (Taller número 10) y el de Arno Grellet que realiza trabajos de hierro (Taller número 30). 

La Gacilly no sólo es sinónimo de artesanía y tradiciones. También de naturaleza y cultura. Este pequeño municipio, de apenas 2000 habitantes, seduce cada verano, entre junio y septiembre, a más 300.000 personas. La razón: el Festival LA GACILLY photo. Un festival de fotografía sobre pueblos y naturaleza que nadie se quiere perder. Reúne a 30 artistas nacionales e internacionales en cada edición. Este año la temática invitaba a reflexionar sobre los peligros a los que se enfrenta la Tierra. Sobre las paredes de casas, grandes edificios  y vallas cuelgan gigantescas fotografías en color y blanco y negro, al aire libre. Aquí, por ejemplo, ha estado expuesta en ediciones anteriores la famosa Niña Afgana de Steve McCurry.

festival internacional de fotografía La Gaciilly
Estudiantes franceses visitan el Festival de Fotografía Internacional de La Gacilly.

El festival camina hacia la mayoría de edad. Lo creó hace 14 años, en 2004, Jacques Rocher, hoy alcalde del municipio. ¿Os suena el nombre? o ¿su apellido? A lo mejor el de él no, pero el de su padre seguro que sí: Yves Rocher. El creador del imperio cosmético vegetal es de aquí, de La Gacilly. “En el pueblo los vecinos trabajan con Yves Rocher y están muy contentos. Es el único que te garantiza el empleo prácticamente toda la vida.” me contó Didier Le Donaron, quien hace 10 años abrió junto a su mujer (de Soria) uno de los mejores restaurantes de La Gacilly,  Les Enfants Gat´Thés.  Ahí probé uno de los mejores foie que he comido nunca y descubrí la Breizh Cola, una alternativa a la Coca-Cola (bastante más dulce) que fabrican en esta región francesa. 

Tras recorrer este encantador municipio, la curiosidad me llevó a buscar “algo” del magnate de los cosméticos vegetales: una tienda, su fábrica, un almacén, un cartel… Lo que fuera. Ya que estaba en La Gacilly no podía irme sin conocer, in situ, Yves Rocher. A escasos metros de la oficina de Turismo encontré el Museo Yves Rocher dedicado a la botánica. Al lado, una de las tiendas más grandes de la cadena. Y a un kilómetro y medio, el Jardín Botánico que creó Rocher en 1975 donde se cultivan las plantas que emplea para la elaboración de los productos. Nunca mejor dicho, el lema acuñado por Rocher  en 2007 “Liberté, Egalité y Beauté” (Libertad, Igualdad y Belleza) cobra en La Gacilly todo su significado.

Josselin

Castillo de Josselin
Château Josselin. Está construído sobre un promontorio rocoso que domina el valle del río Oust

Dejé atrás esta pequeña localidad francesa en mi recorrido por Bretaña rumbo a Josselin acompañada por el mítico “So payaso” de mis paisanos Extremoduro. En poco más de media hora (hay 43 kilómetros de distancia) llegué a esta coqueta villa medieval que conserva intacto su castillo, del siglo XV, alrededor del cual se construyó la ciudadela. Aunque ésta sufrió peor suerte porque fue destruida en varias ocasiones. El nombre de Josselin, cuanto menos curioso, responde al del hijo de Guéthenoc, vizconde de Rohan emparentado con los condes de Rennes, actual capital de Bretaña. Al llegar aquí sentí que la tranquilidad de esta hermosa villa, de apenas 2000 habitantes, no se veía alterada por el goteo incesante de turistas que pasean a diario por sus callejuelas de cuentos de hadas.

Siempre que puedo me gusta contemplar las ciudades desde las alturas, y en Josselin se puede ver todo el pueblo desde la torre de la Basílica de Notre Dame du Roncier. La entrada es gratuita. Está ubicada en el centro neurálgico de la localidad, en la Plaza Notre Dame,  bordeada por hermosas casas del siglo XVI  con entramado de madera.

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Josselin supuso una etapa crucial en la ruta de los Duques de Bretaña

Como si de reyes y princesas medievales se tratara, el Castillo de Josselin es la joya mejor conservada de la ciudad. En su interior está el Museo de las Muñecas, con más de 3.000 objetos. Una colección de juguetes de la familia Rohan (no la del reino de El Señor de los Anillos). La entrada cuesta entre 8,80 y 14.80 euros.  Os aconsejo que contempléis primero el edificio desde fuera, a orillas del canal que va de Nantes a Brest. Son impresionantes las vistas que tendréis y un paseo muy agradable que podréis hacer caminando por esta construcción, la del canal, que supuso un nuevo impulso para la ciudad. Hoy en día, el castillo es hogar de la familia Rohan y se puede visitar. Cuesta entre 5,50 (niños) y 9 euros (adultos)En los últimos años, debido al aumento de visitantes, hay organizados tres circuitos turísticos para conocer la ciudadela. El del “Seguimiento de la corriente”, el del “Patrimonio” y el “Luminoso”. Puedes hacer los tres porque cada uno te lleva por sitios diferentes y así podrás adentrarte de lleno en el medievo que impregna toda la localidad.

Rennes

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Edificios medievales en el centro histórico de Rennes

A 70 kilómetros de Josselin, al noroeste de Francia, me encaminé hacia Rennes, la capital bretona, con Oasis. No al lado (mis ganas) si no en mi cabeza y, como reza su famoso single, sin mirar atrás con furia (Don´t look back in anger) pero con el pesar de dejar una de las villas medievales más bonitas que he visitado. Eso sí,  sin saber lo que me iba a encontrar en Rennes en mi ruta en coche por Bretaña. Una ciudad llena de vida, tanto de día como de noche, envuelta en un halo medieval más mágico aún. Desde que pisas en ella, Rennes invita al viajero a pasear por su casco histórico, por su callejuelas, a pararse delante de sus casas, de sus edificios… Aún conserva las huellas del importante bastión que fue durante la coronación de los Duques de Bretaña y testigo de importantes escenas de la historia de Francia. Por desgracia, fue devastada por las llamas en 1720. Mejor suerte corrieron los arrabales gracias, precisamente, al cortafuego de las murallas que salvaguardó el entramado de madera de sus edificios. Esta parte quemada fue restaurada,  cuadrícula a cuadrícula, tiempo después.  

Dos imponentes plazas vertebran el centro: la del Ayuntamiento donde encontramos el majestuoso edificio de la ÓperaY la del Parlamento bretón, convertido en el palacio de justicia que no debes saltar en tu visita a la ciudad. En 1994 quedó destruido por un incendio que iniciaron unos pescadores cuando se manifestaban. Se puede visitar. La entrada cuesta 7.20 euros y para los niños es gratis.

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El rebelde Parlamento de Bretaña es el edificio más emblemático de Rennes. Hoy es el actual Palacio de Justicia

La Rue du Chapitre es una de las calles más céntricas, bonitas y pintorescas de la ciudad y la que conserva las casas más antiguas. En ella encontrarás ese entramado multicolor de madera junto a bellas edificaciones de piedra. Está llena de pequeñas y coquetas tiendas que la convierten en el nuevo barrio hipster de Rennes, con innovadores creadores independientes.  Aquí, por ejemplo, está una de las mansiones más famosas de la ciudad convertida en un lujoso alojamiento, el hotel Blossac, residencia de los gobernadores de Bretaña. Se puede visitar el patio y el hall principal. En esta calle debes hacer una parada obligatoria en el número 11. Ahí está la mejor crepería del mundo: La crêperie St Georges, donde podrás saborear delicias inimaginables: dulces, saladas y en mil versiones. Exquisitas. Otra calles pintorescas: la Psalette y Saint-Yves, donde se ubica en una capilla gótica la Oficina de Turismo. Buen lugar. A escasos metros está la Catedral neoclásica Saint-Pierre que puedes visitar de manera gratuita. Y las calles comerciales: Le Bastard y La Fayette.

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Los crêpes son uno de los platos estrellas de la reconocida gastronomía francesa.

Durante el recorrido, me topé con la estatua de Jean Leperdit, quien fuera alcalde de Rennes durante la Revolución. Presidía la plaza Champ-Jacquet, rodeada de las típicas casas medievales. La famosa fotografía que encontramos en las guías de Rennes está hecha aquí, con las casas de fondo que parecen que se han torcido con los años. Los arquitectos sabían muy bien lo que hacían aunque también el factor temporal ha podido influir algo durante todo este tiempo para que se hayan movido las maderas. Estas casas no son bienes inmuebles si no muebles porque se podían desmontar y llevar donde su dueño quisiera. 

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El centro histórico es el nuevo barrio hipster de Rennes.

Llegué a Rennes con la intención de conocer uno de los mercados más bonitos de Francia. Y así fue. Cada sábado, en la Plaza des Lices, centenares de personas, carro en mano, se lanzan al famoso Mercado des Lices para hacer acopio de los mejores productos de la tierra. Sí, de la tierra porque todos son producidos de Bretaña. Sabores y colores que rezuman por cada rincón de este céntrico lugar donde encuentras aceitunas de Nyons, ajos de St Broladre, cebollas rojas de Roscoff, frambuesas o tomates de Plougastel. Para jóvenes y mayores es un culto semanal. Acuden en familia, en pareja o con amigos para disfrutar de un día de compras, cafés y crêpes.  ¡Ah! Y paella. Sí. No es de origen bretón pero está deliciosa la que preparan en uno de los puestos instalados en el mercado.

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Le Café Breton en Rennes es uno de las mejores vinateras de la ciudad. Un lugar ideal para encuentros familiares, celebraciones y disfrutar una tarde con amigos.

La noche en Rennes está viva. Muy viva. Se nota que es una ciudad universitaria. La cuarta parte de sus 200.000 vecinos son universitarios. El ambiente nocturno es muy animado.  Algunos locales como Le Monfort, Prision de Saint Michael (uno de los más concurridos de Rennes), Le P´tit Vélo (aquí puedes saborear la sidra limón, una de sus especialidades), Le Zing o el Pub Gall no descansan durante la noche.

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Habitación rock en Le Magic Hall, Rennes

No pude tener un alojamiento más acertado en Rennes que Le Magic Hall. Un coqueto hotel con 19 habitaciones con temática de danza, música, cine y teatro que me fascinaron.  Un hotel muy diferente a los típicos que te encuentras en los centros de las capitales. Está plagado de libros, discos, revistas hasta con una sala de estudio donde pude tocar la batería y la guitarra eléctrica, a mi estilo claro.  Antes de acostarme me despidió Amy Winehouse y The Who. Por la mañana, me dieron los buenos días Janis Joplin, los AC&DC y , como no, David Bowie. Y desde aquí, a continuar la ruta en coche por la bretaña francesa.

Vannes

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Los Vieux Lavoirs, los famosos lavaderos de tejados negro de Vannes

Con el Go West de los Pep Shop Boys (pero no al oeste como guía la canción, si no al noreste) me encaminé hacia Vannes, la ciudad donde siempre sopla el viento. Con vistas al golfo de Morbihan es una de los lugares imprescindibles en tu estancia en Bretaña. Espectaculares fortificaciones conservan el ambiente medieval de esta villa llena de serpenteantes callejones y plazas adoquinadas. 600 metros cuadrados de muralla rodean el casco antiguo bordeado de un foso con frondosos jardines. El Paseo de la Garenne te ofrecerá las mejores vistas panorámicas. Desde la Rue des Vierges, unas escaleras dan paso a una accesible muralla desde la que podrás ver los Vieux Lavoirs, los viejos lavaderos de tejados negros. Y desde la Rue Francisc Decker podrás contemplar la parte oriental de la ciudad. Casas amarillas, naranjas, marrones del siglo XVI construidas con madera de robles ocupan el casco histórico. Las casas de maderas azules son menos frecuentes porque ese color procedía de Egipto y era más caro. Se construyeron menos. Las pocas que había de ese tono pertenecían a familias de clase alta.

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El ayuntamiento de Vannes recuerda al de Paris pero en pequeño.

Vannes está dedicada a un español: San Vicente Ferrer. El santo patrón de la ciudad llegó hasta aquí para predicar entre los años 1418 y 1419. Parte de sus reliquias están en la catedral Saint-Pierre. Por cierto, la que inspiró a Alejandro Dumas en su famosa novela (Los Tres Mosqueteros) para recrear a uno de los mosqueteros como obispo de la ciudad. Vannes también es un cruce de caminos de la bretaña francesa. Es una etapa del tour de Bretaña y del Tro Breiz que, en la Edad Media, indicaba el peregrinaje en honor de los Siete Santos Fundadores de la Bretaña. También forma parte del Camino de Santiago, pendiente en mi agenda. En verano, sobre todo, verás pasar numerosos peregrinos buscando las conchas que guían su camino por las empedradas calles.

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Puerto deportivo de Vannes, la capital del Golfo de Morbihan.

Con el paso del tiempo, la influencia parisina también se ha dejado notar en la arquitectura vannetis. El ayuntamiento de Vannes es una copia del de la capital gala pero en tamaño reducido.  Un paseo muy agradable es el puerto deportivo que un día fue uno de los mayores epicentros del comercio francés y ahora es de las mejores zonas de la capital de Morbihan.

Islas del Golfo de Morbihan

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Vistas panorámicas desde la Isla de los Monjes en el Golfo de Morbihan.

Apurando los días, con Iggy Pop y The Passenger hice el breve recorrido que separa Vannes de Baden en una de mis últimas etapas en esta ruta en coche por Bretaña. Son 13 kilómetros hacia el suroeste de la isla donde se encuentra Port Blanc, que es el puerto desde el que cada día salen los barcos para recorrer una de las bahías más bonitas del mundo. Está declarado Parque Natural Regional y tiene  42 islas que ocupan 144 kilómetros de litoral. La mayoría (40) son  privadas pero no pertenecen a grandes fortunas sino a agricultores y pescadores de la zona que han heredado durante generaciones estos terrenos y ahora se dedican en ellas a la agricultura y a una práctica acuícola muy común en la zona: el cultivo de ostras. Además, es un paraíso natural para los amantes de las aves por sus reservas naturales: los pantanos de Séné y de Pen en Toul (Larmor-Baden).

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La isla de los Monjes es una de las dos públicas que se pueden visitar en el Golfo de Morbihan.

Llegué a Baden con unas ganas tremendas de perderme en ese archipiélago que sólo los capitanes de los barcos conocen a la perfección. Cogí uno en Port Blanc, de los varios que se ofertan, para pasar el día en la Isla de los Monjes (Íle-Aux Moines) una de las dos islas públicas que se puede visitar. La otra es la Isla de los Osos (Íle-Dárz). En ellas, el encanto y la tranquilidad están garantizados.  La isla de los Monjes es la más grande de todas. Mide 7 kilómetros de larga y 4 de ancha por lo que alquilar una bicicleta es la mejor opción para recorrerla entera y no perderte nada en ella. Se llama así pero aquí nunca han habitado monjes ni ha habido monasterios. En época celta se llamaba Izenah. Durante el día, un halo de tranquilidad, paz y calma se apoderaron de mí el tiempo que estuve en la isla de la que no me ponía venir sin pisar uno d los criaderos de ostras más importantes de Bretaña. Aquí los viajeros y paisanos pueden comprar directamente las ostras a los pescadores. 

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Ostras francesas del Golfo de Morbihan.

La travesía que separa esta isla de Port Blanc es de apenas cinco minutos. Tienes otra opción, hacer un mini crucero por el archipiélago y disfrutar de unas estupendas vistas de las islas desde las aguas del golfo de Morbihan y poder contemplar los impresionantes dólmenes que habitan en ella. Durante todo el año están funcionando los barcos.

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El Golfo de Morbihan, la perla de Bretaña.

De vuelta al aeropuerto de Nantes, sonando “Kids”, de MGMT y disfrutando con el silencio de Depeche Mode (Enjoy the silence) pensé lo rápido que había pasado el tiempo durante mi ruta en coche por Bretaña. Como era tarde, esa noche también me alojé en las inmediaciones del aeropuerto, más cerca aún. A tan sólo 5 minutos caminando a la terminal. Con The Cure y su “Friday I´m in Love”  despegué de una de las regiones más bonitas, naturales y medievales de Europa. Y con el calendario en la mano me vi planificando mi próximo recorrido por las tierras que un día Asterix y Obelix defendieron con ahínco de la invasión romana.

Guía práctica

 Cómo ir. Desde Sevilla, Vueling ofrece vuelos directos a Nantes. El viaje dura 1 hora y 55 minutos. También hay vuelos desde Madrid y Barcelona. Además, AirNostrum también vuela directamente de Nantes a Madrid. El trayecto dura 1 horas 35 minutos.

Cómo moverse. La mejor opción es alquilar un coche en la terminal del Aeropuerto de Nantes Atlantique. Avis es una de las compañías que operan en Francia. 

Dónde comer. Hotel Domanine de Cicé Blossac, Avenue de la Chaise, Bruz. También podrás alojarte en este lujoso establecimiento y disfrutar de una agradable estancia con servicio de SPA. Le Café breton (14 Rue Nantaise, Rennes),  con una amplia oferta de los mejores vinos de Francia. Le Globe (32 boulevard de la Liberté, Rennes). L’Annexe (18 rue Emile Burgault, Vannes). Su prestigioso chef normando, David Kiburse, con estrella Michelín,  desde 2014 está al cargo del restaurante donde ofrece una experiencia única a los clientes con una excelente carta de vinos. L’Asphodèle (rue du presbytère, Ile aux Moines).

Consejo. En las Oficinas de Turismo encontrarás la información necesaria para moverte por Bretaña. Las direcciones son las siguientes: Place du Bout du Post en La Gacilly; 21 Rue Olivier de Clisson en Josselin ; 11 rue Saint Yves en Rennes y Quai Éric Tabarly en Vannes.

 

Cuatro días de ruta por Bretaña: naturaleza y belleza medieval
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