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Vicio y Amor caminan por la misma acera en Las Vegas (2 de 3)

Este museo de Neón llamado Las Vegas, tiene un pasado demasiado reciente. Durante la construcción de la línea del ferrocarril que unía Salt Lake City con Los Ángeles, los trabajadores convirtieron un valle en mitad del desierto en el que nacía un manantial, en su hogar. Una vez concluida la obra en 1905 y desmantelado el campamento obrero, especuladores inmobiliarios discutieron durante 2 días por aquellas tierras. El pecado echó raíces al poco tiempo.

Muy cerca de lo que hoy se denomina Block16 nació el que sería el primer salón-bar-casa de citas-casino de la ciudad. Luego vinieron más. Casi todos sobrevivieron sin problemas a la Ley Seca y a la prohibición del juego que en ese tiempo estaba en vigor en Nevada.

Las Vegas fue de los pocos lugares que no se resintieron durante la crisis del 29. La construcción de la presa Hoover, finalizada en 1931 y la legalización del juego ese mismo año la mantuvieron a flote. Después llegó el boxeo para hacer todavía más rentable la ciudad, las bodas fáciles, los divorcios sin preguntas y la prostitución legal. Diez años después, en 1941, Thomas Hull construyó el primer Casino Hotel de Las Vegas con el nombre El Ranchos. La calle donde se levantaba, una simple avenida de dos carriles se convirtió poco después en Las Vegas Boulevard, más conocida como la Strip.

Luego llegaron los mafiosos, con Benjamien Siegel, Bugsy, a la cabeza, convirtiendo al Flamingo en leyenda. Detrás de ellos, Frank Sinatra y coristas francesas que hacían topless. Pero no sería hasta 1966, fecha en la que  Howard Hughes llegó a Las Vegas y compró el Dessert Inn, cuando el juego se convirtió en algo limpio, dando a la ciudad una identidad que hoy conserva. . En 2005, la capital de la diversión cumplió 100 años, ¡100 años!

No sé a qué fecha se remonta el Circus Circus, el hotel-casino que va a ser nuestro centro de operaciones para los próximos días. Moderno no es, eso seguro, por eso lo reservamos. El aire entre retro y terrorífico de este hotel me recuerda a los relatos de Stephen King y, quizá por ello me siento a gusto. Es el elegido de entre las 150.000 plazas hoteleras que pueblan el Strip, más del triple de las camas que hay en Barcelona. Después de 25 minutos de espera para hacer check-in nos trasladamos a nuestra habitación Manor, un lugar avejentado por el paso del tiempo y la cantidad de gente que las ha habitado. Es inevitable pensar cuantas historias han pasado por aquí.

Las Vegas se mide en dinero. Con un buen fajo de billetes, puedes hacer lo que quieras sin rubor. Vista la habitación penetramos en el Casino y tenemos la sensación de estar en el vientre de la ballena. Una ballena que está en constante movimiento y que nunca descansa. La luz del sol es imposible en este cubículo y nuestros pasos son amortiguados por una moqueta que vio tiempos mejores.

Se bebe cerveza a raudales en cualquier lugar y de manera ostentosa (a unas 100 milllas de aquí, en Arizona,la mayoría de los restaurantes ni siquiera venden alcohol), sin necesidad de ponerle una bolsa de papel para ocultar su presencia y los fumadores se multiplican por todos lados. No hay problema, fumar es libre y los ceniceros no faltan cerca de ninguna maquina o mesa de juego. De hecho, lo difícil es buscar sitios para no fumadores. Las luces, al ritmo del estridente sonido de las tragaperras no producen ninguna sensación aparente en los jugadores, que permanecen impenitentes, como si alguien o algo les obligara a estar delante de esa caja autómata. La sala de juego es muy americana, hay gente de todo pelaje. Si en Europa para entrar en un casino te exigen ir cómo mínimo bien vestido aquí encuentras de todo. Esto es América.

Las camareras que pululan por la sala de juego son lo más parecido a los peces. Sortean clientes, turistas, jugadores, perdedores….hasta llegar a su destino, y vuelta. Selma se mueve con una agilidad de gimnasta rítmica. “Sí, cada día hago mucho slaloms entre los clientes. Algunos dicen que tenemos mala leche, pero trabajar aquí es como una carrera de obstáculos”. Apoyada en la barra más cercana a las mesas del Black Jack, Selma continua con su visión de Las Vegas: “Todo se puede hacer con dinero, todo. Sin City te sonríe… mientras puedas pagarlo, claro.”

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2 Responses to Vicio y Amor caminan por la misma acera en Las Vegas (2 de 3)

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