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Una señora de traje malva y tatuaje llamada Bruselas

Grand Place, Bruselas

Pertenece a la serie Flandes en 5 actos.

Cuando pienso en Bruselas me imagino a una mujer de edad avanzada, teñida de rubio y con un traje de chaqueta y falda en tonos púrpura. Parece sobria, seria sin llegar a tener cara malhumorada, simpática y con las uñas pintadas con uno de esos tintes que las hacen brillar. Pisaría sobre zapatos de tacón de color marrón. En su tobillo lleva un pequeño tatuaje de color.

Sí claro, podéis preguntar….La respuesta es no. No me encontré con ninguna mujer así en la capital de Bélgica, ni se cruzó en mi camino y tampoco me llamó la atención alguien de este estilo. Pasa que simplemente cuando oigo el nombre de Bruselas no puedo evitar ver esa figura señorial con cuerpo de mujer.

Edificio de la Bolsa, Bruselas

No tenía ese pensamiento antes de pisar el aeropuerto de Charleroi ni antes de montarme en el taxi que me trasladó al centro de la ciudad conducido por Carlos, un inmigrante de Perú.

-La gente piensa que Bruselas es una ciudad aburrida, con mucha burocracia pero la verdad es que usted podrá comprobar que no es así. -me comentó sin soltar las manos del volante pero con la cabeza girada hacia mí.

-Nos hacemos una idea de las ciudades a través de los medios de comunicación, y la de Bruselas precisamente no es muy buena en estos tiempos que corren para los españoles. -le contesté.

-No se preocupe que se resarcirá durante estos días. Bruselas conseguirá cambiar su visión sobre ella misma. -concluyó.

Monumento a la Constitución, Bruselas

Y claro que lo consiguió. Ha sido de las pocas ciudades en las que la imagen que llevaba se cayó al poco tiempo de estar allí y ver el ambiente en sus calles y la actitud de sus habitantes. Mi hotel estaba junto al edificio de la Bolsa por lo que fue lo primero que vi nada más dejar los bártulos. Es un edificio precioso, monumental y que recuerda a la Grecia clásica, la que no tenía problemas de deuda y utilizaba el lenguaje como arma de progreso. En sus escaleras se confunden personas de color, en su mayoría procedentes de América del Sur y belgas que han perdido todo lo que tienen y viven en la calle. Una paradoja. Seis columnas dóricas embellecen el exterior junto con un sinfín de esculturas que representan el comercio por tierra y por mar.

Chocolate Praline en Bruselas

Giro a la izquierda porque quiero llegar a la Grand Place ya imbuido en el frenesí bruselense y con las fosas nasales respirando gaufres y chocolate. Y el mejor sitio para hacerlo es la Rue du Marché aux Herbes, una via peatonal y empedrada estrecha y muy animada. Nació como uno de los mercados que rodeaban al Grote Mark y en el que se vendía carne. Ahora es una de las céntricas calles de Bruselas donde las boutiques del chocolate comparten espacio con las boutiques de moda, cada vez más presentes en la capital belga. A pocos metros de allí, en las Galerías Reales Saint Hubert, está la célebre tienda Neuhaus, donde se creó el primer praline de la historia del chocolate. Un lugar único repleto de tiendas de moda, de libros y de delicatessen que también tuvo el privilegio de ser la primera galería cubierta que se construyó en Europa, en el siglo XIX. En su interior no es muy raro encontrar originales de Tintín firmados por Hergé que rondan los 3.000 euros. Da cosa hasta pisar aquél suelo tan reluciente y luminoso. Allí, en una de sus callejuelas de lujo cené una noche un delicioso pescado sobre rissoto, atendido además por un joven camarero de padres españoles.

Jóvenes en la Grand Place, Bruselas

Esta zona es pequeña y laberíntica, llena de calles y rincones que cautivan, los olores se mezclan con el sonido de algún carrillón que marca el ritmo de los peatones a campanazos. Pero tampoco faltan músicos callejeros y algún grupo étnico que nos sirva de guía para llegar al referente de la ciudad: la Grand Place. Si el corazón de las ciudades es su plaza central, la de Bruselas bombea sangre hacía el resto de la urbe de manera abundante, normalizada y sin descanso.

Vista de la Grand Place, Bruselas

Grote Mark es un continuo ir y venir de gente que llega, mira y se va, pero otros muchos se sientan, solos o acompañados a hacerle compaña a esta almendra llena de relieves que lleva más de cuatro siglos dándole el pulso a la ciudad. El Hotel Da Ville (el ayuntamiento), la Maison du Roi (la casa del rey) y la casa de los gremios son de una belleza abrumadora y a veces, cuando el sol golpea sin piedad los ojos del visitante, llega a molestar a la vista. Sin embargo, tomar una cerveza amparado por esos edificios Patrimonio de la Humanidad es un gozo.

Puestos de acuarelas en la Grand Place, Bruselas

-¿Sabe usted que en esta plaza fue en el primer lugar donde Marx y Engels empezaron a hablar de lo que luego sería el Manifiesto Comunista?- me sorprendió una joven rubia con coloretes y la mirada todavía pensativa.

-Se está usted quedando conmigo, ¿no? Si no he leído mal esta plaza tiene un origen comercial que hizo florecer económicamente a Flandes y sus alrededores. Poco menos que fue el nacimiento del capitalismo-respondí.

-Quizá por eso se les ocurrió que algo tenían que hacer contra la burguesía que todo lo dominaba en Europa y se inventaron el Manifiesto aquí.

-Más bien diría que fue fruto de alguna alucinación, y la verdad es que esta plaza es un buen lugar para tenerlas.-concluí.

Yo mismo creo que tuve una mientras sesteaba al ocultarse el sol. Vi a don Miguel de Unamuno paseando y discutiendo con el escritor Victor Hugo.

-¿Sabe lo que le digo?- gritó mirando al cielo el salmantino- que usted, Victor Hugo, es un loco que se cree usted.

-¡No me diga!-contestó mientras levantaba el cuello el aludido- pues yo por el contrario creo que usted es un loco que se cree Dios.

De repente, otra vez el carrillón me despertó cuando casi estaba en fase REM. Me incorporé pero ni rastro de Unamuno ni de Victor Hugo.

Grote Markt, Bruselas

Cerca de la Grand Place está el Maneken Pis, fervor de masas turísticas que no tiene la mayor importancia si vas de paso y con poco tiempo a la capital belga. Una pequeña figura que adorna una fuente y con el único mérito de representar a un bebé con la chorra fuera. Luego, el comercio turístico ha sacado a relucir una serie de historias, algunas rocambolescas, aumentando el carácter mítico de esta pequeña figura. Si hasta le ha salido una competidora femenina.

Estación Central, Bruselas

Abandono la plaza para sumergirme en lo que fueran antiguos mercados de pan y tejidos que salían como brazos de ese cuadrado imperfecto y barroco y que ahora son calles con modernos negocios. De ahí puede venir también esa animación callejera que está por los alrededores de Grote Mark y que conducen a la Estación Central.

Tengo mucha curiosidad por visitar esta mítica estación de tren. Bélgica fue el primer país de la Europa continental en construir unas vías por las que circulara una locomotora y tiene la línea férrea más densa del mundo. Alicientes para frotarse las manos mientras penetramos en las entrañas de la Estación Central. Construida por Victor Horta, precursor del Modernismo, fue inaugurada en 1952. Su vestíbulo recuerda a su homóloga neoyorquina pero más recogida y familiar, con menos ínfulas. Dentro encierra pasadizos que llevan a algunas salidas pero también a sitios curiosos como una especie de Museo-Tienda del Cómic. Aquí confluyen dos mundos de la historia de Bruselas, los trenes y las historietas. Pero no confundir éste con el que se encuentra dentro de otro edificio obra de Victor Horta, auténtico Museo del Cómic de Bruselas y lugar esencial para amantes de las obras de Hergé y Jijé. Entre los objetivos más curiosos: el fuzee con el que Tintín va a la luna en uno de sus cuadernos.

Grupo de gitanos bailando en una plaza de Bruselas

Saliendo de la Estación por la puerta que da al hotel Novotel y el Best Western hay una de las plazas más animadas de Bruselas que conecta el ferrocarril con el centro de la ciudad. Es un cruce de caminos en el que un grupo de gitanos bailan y tocan música mientras los viandantes hacen una parada para comer, descansar un rato o simplemente mirar a los demás. Hay muchos turistas pero también muchísima gente que acaba de salir de trabajar y aprovecha que hace una temperatura ideal para vivir en la calle.

Estatua de San Miguel en la Catedral de Bruselas

Dinamismo que contrasta con la paz que se respira en los alrededores de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Aunque el patrón de Bruselas es San Miguel, el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego, el pueblo considera realmente su patrona a Santa Gúdula. La historia de esta belga no es muy conocida fuera de los países bajos pero, según cuentan, todos los días iba antes del amanecer a orar a la iglesia. El demonio, un día, molesto con su piedad, apagó de un soplido el farolillo que siempre llevaba para alumbrar su camino. Pero un ángel lo encendía de nuevo con la ayuda de Dios. En el interior del templo se guardan sus restos que se veneran cada 8 de enero.

Catedral de Bruselas

La principal iglesia católica de Bélgica es sobria en el interior por obligación: los saqueadores no dejaron ni rastro de objetos de valor. De estilo gótico se suele comparar con Notre Damme en majestuosidad y presencia. San Miguel juega con un punto a favor, su amplitud en el entorno urbano y la situación en lo alto de una plaza que hace que la perspectiva logre imponer aún más su figura. Las dos altas torres de la fachada principal vigilan sin descanso.

Palacio Real, Bruselas

Con la Catedral rivaliza el Palacio Real, en la parte alta de la ciudad y pegado al Parque principal de Bruselas. Aquí están las oficinas de los reyes, algunos ministerios y salas de reuniones oficiales. Vamos que está a pleno rendimiento y funcionando. Mucho más pequeño pero más atractivo en formas es el Museo de la Música. A pesar de contener más de 7.000 instrumentos musicales de todas partes del mundo, lo importante no es el contenido sino el continente. Si hasta tiene nombre el edifico: se llama Old England y es una joya del Art Nouveau. De comercio a museo.

Museo de la Música, Bruselas

Entre ver el Atomium y otros muchos atractivos que ofrecen las guías turísticas y sentarme en algún restaurante a cerrar el día, elijo lo segundo casi sin pensar. Tres cervezas, cada una de una variedad, sirven de acompañamiento a una tapa de roquefort y una ternera regada también con salsa de la bebida típica belga. El restaurante es un lugar antiguo pero que ha sabido conservar su esencia y renovar su clientela. El camarero es amigable y al averiguar que soy español no tarda en contarme su experiencia mística en España.

-Yo fui a España una Semana Santa. Seis amigos nos cogimos una furgoneta y nos recorrimos Andalucía.

-Qué bien.

-Nos lo pasamos de miedo. Lo que más me alucinó fue ver como la gente se emocionaba al ver “El Paso” (leer con acento guiri), lloraban mujeres, niños….fue muy emocionante.

-Somos muy pasionales -bromee.

-Y las mujeres…..muy guapas.

Cómic en las calles de Bruselas

Detalle de un cómic en las calles de Bruselas

Después de las 3 cervezas volví al hotel con muchas ideas en la cabeza. Cogí parte de la ruta del cómic para admirar como este país respeta a sus creadores. Fachadas blancas que fijan a Spirou o a Tintín, extraños tatuajes en la piel de una urbe que, a pesar de todo, sigue siendo señorial, como esa mujer imaginaria que se tiñe el pelo de rubio y viste traje malva.

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2 Responses to Una señora de traje malva y tatuaje llamada Bruselas

  1. danielle 29 octubre, 2012 at 22:55 #

    Bruselas ni es de Flandes ni de Walonia si no de los Bruselenses que son antes de todo Belgas…Yo soy Bruselense de toda la vida y tengo familia por las dos partes de la frontera linguistica y los bruselense tienen identidad propia distinta de los flamencos o valones..

  2. Gonzalo Camarero Miguel 30 octubre, 2012 at 9:36 #

    Muy buen artículo, me ha parecido especialmente interesante la ruta del cómic, no la conocía y la anoto como algo que ver.

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