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Sidi Bou Said, Túnez de azul y menta

Sidi Bou Said, Túnez de azul y menta
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No tuve una experiencia agradable. Para que negarlo, no ha sido ni mucho menos uno de los mejores viajes que hecho en mi vida. Tampoco me atrevería a calificarlo como el peor, pero desde luego no está en mi top-ten el viaje a Túnez. No digo que sea culpa de los tunecinos ni de lo que me ofrecían sus paisajes, sus pinterescos pueblos y su milenaria cultura, lo más seguro es que la culpa fuera mía. Hay veces que aterrizas con el pie equivocado y todo se tuerce. Si, además en tu recorrido no encuentras nada que pueda dar un vuelco a tu percepción, la cosa no acaba demasiado bien.

Con Túnez ocurrió una cosa parecida. Lo recuerdo como un viaje que no empezó bien y que no mejoró con el paso del tiempo. Es un país caro en el que los turistas son un bien preciado. Alejarse de los circuitos es complicado y a veces no es todo lo gratificante que pudiera parecer. Quizá tenga mucho que ver que nuestra visita a Túnez coincidió con el Ramadán. Y ya sabemos que el hambre es muy mala, envilece al más tibio.

Túnez es un país con indudables atractivos turísticos. Sus relajantes y cálidas playas hacen apetecible el baño hasta en diciembre, sus ruinas son parte de la historia de la humanidad y nos cuentan historias únicas, y su patrimonio religioso es venerado por musulmanes de todo el mundo. Pero qué queréis que os diga, a mí todo esto no me llegó a calar. No digo que no me gustara, sino que la iconografía país, sus edificios, sus ruinas, sus monumentos, no consiguieron conjugar con el aceite de la amable personalidad de sus gentes. Hasta regatear se convirtió en un ejercicio en el que yo tenía más paciencia que los comerciantes. Y eso, en cualquier país árabe es , como poco, raro.

Pero, sin embargo, Túnez ostenta el privilegio de tener uno de esos lugares en los que me gustaría refugiarme si un día me perdiera o estallara la tan cercana Guerra Civil en España. Encaramado en lo alto de un acantilado, como la proa de un barco que mirara desafiante al mar, se encuentra el pueblo de Sidi Bou Said. Sus pintorescas casas y su privilegiado emplazamiento, con impresionantes vistas al golfo de Túnez y a las ruinas de Cartago, lo convierten en un lugar idílico para los viajeros que busquen refugio después de una ajetreada jornada por ruinas y monumentos históricos.

Al llegar, la paz y el equilibrio penetran en tu mente. Es inevitable que los pensamientos se vayan a las islas griegas de Mykonos o el estilo mediterraneo de Ibiza. Hasta que el jazmín y las cacofonías del árabe tunecino nos devuelven una realidad que parece increíble.

El blanco y el azul dan una luminosidad que sólo algunos pueblos andaluces son capaces de transmitir. Ni en Mykonos, ni en Ibiza se puede tener una luz a la vez cálida y llena. La serranía de Grazamela o la de Córdoba son primas hermanas de Sidi Bou Said. Mismos antepasados cuyo legado aún se conserva y dota de sentido a unas zonas que han sabido mantener un estilo de vida unido al patrimonio.

Sidi Bou Said es como lo conocemos, gracias al barón d’Erlanger. A principios del siglo XX se instaló en Sidi Bou Said y se construyó un palacete. Eran años en los cada uno hacía con la fachada de su casa lo que quería, decorándola y pintándola a su gusto. d’Erlanger tenía contactos con el gobierno de Túnez y consiguió que se aprobara un decreto para prohibir cualquier construcción que no reuniera el estilo establecido: blanco y azul. Aún sigue vigente y sus atractivos siguen inalterables.

En Sidi Bou Said hay dos ciudades. Una deslumbrante, moderna, reluciente; otra imperecedera, sagrada y costumbrista. Paseando por sus laberínticas calles enlosadas consigo evocar la historia que cuenta que el terreno que piso se originó por un faro, una de las torres del militar fenicio Anibal. Después, como medio mundo, pasó a manos de los romanos, convirtiéndose con el tiempo en Yebel Menara (El Monte del Faro). Era una fortaleza que protegía las costas de África del invasor, hasta que llegó Abu Said el Baji, allá por el siglo XII. Entregado a la meditación y a difundir el Sufismo, este hombre se convirtió en una divinidad para los países de lo que hoy conocemos como el Magrev, convirtiendo a Bou Said en Sidi y, por consiguiente, en lugar de peregrinación.

Las calles y callejuelas tienen el encanto de la búsqueda, de la sorpresa. Cada esquina es una nueva aventura que nos abre a lo desconocido. La mejor manera de pasar el tiempo en Sidi Bou Said es jugando a descubrir rincones. Recorre la ciudad sin rumbo, piérdete por sus infinitas callejas, penetra en sus patios, sube a sus terrazas…siéntete libre.

Hay dos cosas eternas en Sidi Bou Said: sus cafés y sus gatos. Siempre estuvieron allí y, dicen los lugareños que en el mismo sitio. Los felinos son los auténticos dueños de las calles por las que además está prohibido el paso. Como el resto del pueblo, zanganean al ritmo de la vida en este plácido lugar.

Los cafés de este lugar deberían ser Patrimonio de la Humanidad, como el mar o el cielo. Sidi Bou Said cuenta con una buena oferta de cafés y restaurantes. La puesta de sol es un momento ideal para acudir al Café Sidi Chabanne, un establecimiento enclavado en lo alto de un promontorio rocoso junto al mar que ofrece una de las mejores panorámicas de la región. Un clásico es el Café des Nantes, antaño templo sufí y con un regusto religioso todavía en el ambiente. Es obligatorio tomar alguna de sus infusiones de té a la menta con piñones. El tiempo se detiene en des Nantes.  Algunas la consideran la meca de los escritores y artistas.  André Gide, Bernanos o Klee se cuentan entre sus exquisitos clientes.  La imaginación de ellos es tan pródiga como la variedad de té: miel, hierbabuena, menta, piñones, jazmin…..Otros como Oscar Wilde, Flaubert o Maupassant preferían tomar el té en las playas de Hammamet.

Caminando por sus limpias calles hay que pararse a charlar con los artesanos que todavía utilizan las manos para trabajar el cuero repujado, el cobre, el latón, la porcelana, el barro….Pero los objetos más codiciados son las jaulas de alambres. En ellas vuelcan su particular dosis de stress los habitantes de Sidi Bou Said, vestigios de una cultura que vuelve como una coda al pasado Andalusí.

Y el jazmín. Está presente en cualquier sitio y cualquier persona. Es la flor fetiche de esta joya paradisíaca. Los hombres llevan la flor colgada tras la oreja y las mujeres las utilizan para formar un collar alrededor del cuello. Su aroma, enriquecido por el salitre,  se mezcla con el paisaje.

Entre los dos azules, las casas miran al mar, juntas, como abrazándose para no caerse al Mediterráneo.  Sentado en una pequeña terraza en la vertical del acantilado contemplo el trajinar en el puerto. Me reconcilio con Túnez, cuando observo esos tejados a 4 aguas que forman birretes en casas inmaculadas. Siento como propias las celosías en las ventanas para ver sin ser visto. Me recuerda al pueblo donde me crié. Y pienso que el final del viaje es lo mejor porque significa el comienzo de una nueva travesía.

 

Para leer sobre Sidi Bou Said

-En “Salambo”, Gustave Flaubert reconstruye la civilización púnica en Cartago. Es un libro violento y cargado de exotismo.

-André Gide, uno de los escritores que frecuentaba Sidi Bou Said, escribió allí “El Inmoralista”.

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15 Responses to Sidi Bou Said, Túnez de azul y menta

  1. Julian 30 marzo, 2012 at 10:50 #

    Sensaciones muy parecidas encontramos nosotros en nuestro viaje a Túnez. Es un lugar donde no me importaría no volver en bastante tiempo salvo, como tú bien dices, por las agradecidas postales de Sidi.

    Un abrazo.

    • JR Álvaro González 30 marzo, 2012 at 23:30 #

      A mí fue el lugar que más me gustó por auténtico y evocador.

      Un abrazo.

  2. ahoratocaviajar 30 marzo, 2012 at 15:35 #

    Aterrizar con el pié equivocado y aún así saber sacar lo mejor de un lugar tiene mérito ¿Quién sabe? Quizás fue el jazmín… Una planta que nos encanta y de gran poder apaciguador del alma. Ya sabemos de un refugio para cuando llegue esa Guerra Civil que anuncias, si es que no ha llegado ya, pues el pasado 29 de marzo, aquí en Barcelona se olió una lucha de clases como hacía tiempo que no sentíamos… Vaya que el centro de la ciudad se convirtió en territorio de combate. Qué sensación estar junto a los @iaioflautas y cachorros de la CNT bajo el símbolo de poder del Señor Inditex en Passeig de Gràcia con Gran Vía…
    Pero bueno, lo importante, Túnez y tu post… Como siempre un buen rato de lectura.
    Gracias!

    • JR Álvaro González 30 marzo, 2012 at 23:31 #

      Si no conoces Sidi Bou Said te lo recomiendo, sobre todo en épocas en las que necesites calma, orden y pensar en uno mismos.

      Muchas gracias, me alegro que te guste.

  3. Gildo Kaldorana 30 marzo, 2012 at 16:51 #

    Un bonito pueblo en el Mediterraneo que por el color blanco y azul, parece de los pitufos.
    No sé lo que buscas cuando viajas. Tus motivos habrás tenido para que no te guste, quizá es más bien un lugar para descansar, para escribir un libro, con paciencia, sin ninguna prisa.
    Buen post y fotos.
    Saludos

    • JR Álvaro González 30 marzo, 2012 at 23:32 #

      Cuando viajo busco sin precisar nada concreto. Creo que un viaje es un encuentro, y a veces esos encuentros no salen todo lo bien que quisieramos o que habíamos imaginado.

      Gracias por pasar, un abrazo.

  4. ariamsita 30 marzo, 2012 at 17:38 #

    Tengo muchísimas ganas de conocer Túnez, la verdad, las fotos son una maravilla, y pese a eso que dices de que no fue el mejor viaje de tu vida esta entrada me ha dado aún más ganas de ir…

    ¡¡Un abrazo!

    • JR Álvaro González 30 marzo, 2012 at 23:33 #

      Por supuesto, te animo a que conozcas Túnez, te mezcles con su gente y te empapes de su historia. Es un país que tiene mucho que ofrecer…seguro que te va a gustar.

      Un abrazo.

  5. Ainara Garcia 31 marzo, 2012 at 8:26 #

    Me encantan los pueblecillos con vistas al mar, así que el día en el que ponga los pies en Tunez, me pasaré por aquí 🙂

    No sé qué tienen los paises árabes con los gatos. Marruecos también estaba plagado.

    Un saludo JR!

  6. Jose Gomez 3 abril, 2012 at 8:49 #

    Me pasó algo parecido en Tunez, es un pais totalmente agridulce, con cosas inolvidables y otras para olvidar. No estuve en Sidi Bou Said y me arrepiento por ello, porque parece que todo el mundo dice que es lo mejor. Yo me quedaría con el desierto, sobre todo de noche, la magestuosidad de un cielo, absolutamente inolvidable.

  7. Pablo Pascual 30 abril, 2012 at 5:14 #

    Te puedo asegurar que este será sólo el primero de todos tus relatos y fotos con los que disfrute. Me has hecho volver con Anibal. Un abrazo paisano.

    • JR Álvaro González 2 mayo, 2012 at 0:43 #

      No sabes como me alegra verte por aquí, tenemos mucho que aprender y que compartir. Y siempre no olvidar echar una http://www.miradasdelmundo.es tan bello y tan rico.

      Un abrazo fuerte.

  8. Maria 19 octubre, 2012 at 14:53 #

    Ya siento tu mala experiencia. No obstante tunez es precioso y no deberiais perder la oportunidad de visitarlo!! Si quereis, podeis usar este cupon de descuento en hoteles iberostar http://bit.ly/iberostar50 (España y mediterraneo). Espero que os sea util 50€ de descuento en los tiempos que corren…

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  1. Bitacoras.com - 30 marzo, 2012

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: No tuve una experiencia agradable en Túnez. Para que negarlo, no ha sido ni mucho menos uno de los mejores viajes que hecho en mi vida. Tampoco me atrevería a calificarlo como el peor, pero desde luego no está en mi top-ten. …..

  2. 5 sueños para viajar —Viajes, Rock y Fotos Viajes, Rock y Fotos - 10 abril, 2012

    […] países, los más occidentalizados  o, mejor dicho, los que están más cerca de Europa: Egipto, Túnez, Marruecos, el Sáhara Occidental y Argelia. No he tenido ocasión de visitar el África profunda y […]

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