Como sabéis voy a ser padre. En septiembre nacerá Daniel Álvaro Bertrand. Es una situación totalmente nueva ante la que nadie está preparado y que exige, al menos, algo de información. Aparte lógicamente de cuidar a la madre y hacerle la vida lo más fácil y plácida posible, formarse para lo que viene es lo mínimo. Y en eso estamos, intentando aprender muchas cosas que, probablemente, no nos servirán de nada una vez que Daniel asome la cabecita y entone sus primeros llantos. Estamos en la fase de ilusión acojonante. Es decir, entre el acojono que significa sacar una vida adelante ante la que sólo tú y tu mujer sois los responsables, y la tremenda ilusión por verle ya la cara al elemento.

Pero mientras, se pueden hacer muchas cosas.  Entre otras, fotografías únicas. No lo digo en el sentido de que sean preciosas, magníficas o sublimes, ni mucho menos. Sino en el sentido de que son fotos que sólo se pueden hacer cuando una mujer está embarazada.

A pesar de que la gente se refiere a este momento en primera persona del plural, la realidad que no, que yo no estoy embarazado. Ni siquiera estamos embarazados, es ella la que está embarazada, la que da vida a un ser, la que alberga los primeros sentimientos y la que lo siente como propio. No nos engañemos.

En estos meses, la belleza es sobre todo interior, y eso hace que se manifieste en el exterior. Cuando estamos felices, se nos nota. Cuando estamos tristes, también. Pues esto es igual, por eso dicen que las mujeres embarazadas están más hermosas. No es que el niño les dé coloretes ni les ilumine los ojos sino que su aspecto se transforma siguiendo ordenes de su interior, de su esperanza, de su ilusión y de su logro como mujer: traer vida al mundo.

Esta es una sesión de fotos que retrata el exterior, las maravillosas curvas imposibles de ocultar, la luz en los ojos que miran más allá. Pero sobre todo es la fotografía del sentimiento de una madre hacia su hijo y hacía sí misma o eso al menos es lo que he intentado.

Las fotos están realizadas en el estudio fotográfico de la AFE. Quería hacer una sesión en las que destacase el blanco, un color que representa la pureza, la pulcritud y la belleza limpia. No es gratuito ya que veo a sí a una mujer embarazada, al menos a la mía. Este fondo contrasta con la ropa negra  y su piel más bien clarita. Los colores alegres le añaden intensidad y calor a la escena.

Para la sesión se utilizaron dos softboxes a distintas potencias y con distintas posiciones. La cámara que utilizamos fue la Canon 5D Mark II combinada con los objetivos Canon 50mm 1,4 y Tamron 70-300.

 

Retrato de un embarazo
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