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Bruce Springsteen, un chico de New Jersey

Bruce Springsteen, un chico de New Jersey
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Os voy a contar una historia inédita, hasta ahora. Un día tuve un grupo de rock, se llamaba The Hammer y lo formábamos 3 amigos. Ensayábamos en casa de uno de ellos y además de una guitarra Talmus y un amplificador de 10 watios de la misma marca, teníamos una batería formada por cubos, cazos y unos zachos que los mantenían sujetos y en equilibrio. Grabamos grandes éxitos como “Cabubí, cabubá, cabubí será” o “Panico en la noche cuando subo al coche”. Y nuestro primer, único y gran trabajo se llamó  “Concierto para las margaritas”. Un directo en el que los sonidos del público pertenecían al World Wide Live de Scorpions. En fin,….eramos jóvenes, ingenuos, soñadores y nuestra pasión era el rock ‘n’ roll.

Teníamos 15 o 16 años, eran los años 80, pero que yo recuerde no escuchábamos a Bruce Springsteen. Yo, al menos no tenía ninguno de sus trabajos entre mis discos. Nos iba más el rock duro y el heavy.  Springsteen, aunque ya estaba en esos años lejos de Dylan, me parecía aburrido. Lo veía como una persona mayor, y nosotros todavía eramos rebeldes.

Con cierta nostalgia, miro atrás y caigo en la cuenta de que queríamos ser como Springsteen pero sin saberlo…escapar de la monotonía de aquel pueblo que, a la vez, tanto ha significado en nuestras vidas. Nací y me crié en un pueblo de Extremadura, al suroeste del territorio español y muy cerquita de Portugal.  Ahora, me identifico con Springsteen. Yo también viví en un sitio del que todos nos queríamos marchar. Allí y en aquellos años fuimos muy felices, aunque todos estuvieramos deseando abandonar aquella mediocridad cultural y urbana.

Puedo adivinar como se sentía Bruce Springsteen cuando era adolescente y corría por Freehold, un pueblo de New Jersey. Su vida en aquel lugar forjaría su personalidad y se convertiría en la inspiración de todas sus canciones. Pero, como el continuo flujo mental que trae continuamente Olivenza a mis pensamientos,  todo aquel poso es lo que hoy flota en sus canciones, hondas y transparentes como una vida ingenua, pero que oculta un sentimiento difícil en el que el esfuerzo y el trabajo duro son las constantes vitales. Bruce representa todo aquello que nos enseñó nuestra infancia y adolescencia en el pueblo: el esfuerzo, la amistad, el valor, la lealtad, el compañerismo y también la rabia y el deseo de salir corriendo.

Años después, escuché “Greetings from Asbury Park, NJ” y caí en la cuenta de que me había hecho mayor. Ahora, Springsteen me susurraba historias que yo había oído y con las que había crecido sin saberlo. Confieso que fue hace poco, un puñado de años si acaso,  pero su presencia llenó el hueco que había abierto la madurez. Springsteen me sonaba, me contaba, me identificaba aquello que yo no había podido expresar. Conseguía hacerme ver que me había hecho mayor sin ser consciente.  Ahora, Springsteen vuelve a España y me canta a mí, devolviéndome aquella infancia en la que sólo queríamos correr y escapar de la monotonía.

Todos los días eran iguales en Freehold, New Jersey, donde el joven Springsteen buscaba su lugar. Nunca lo encontró y acabó refugiándose en el rock como única salida a su autismo social. Maltratado en el instituto y en casa por un padre despótico y controlador, el joven Bruce tuvo una niñez difícil. La relación con su padre era opresiva, tanto que cuando el joven quería practicar la guitarra a solas en su habitación, su progenitor encendía la estufa de gas para que el calor alejara a su hijo de aquella diabólica afición.

La primera guitarra que cayó en manos de Bruce Springsteen le costó 18 $ en el Western Auto Store de Freehold (New Jersey). Ese dinero lo había ganado pintando la casa, alquitranando el tejado y cuidando el jardín, típico americano. En ese momento en su casa había dos cosas impopulares: su guitarra y él. Producto de su rebeldía frente a la autoridad de su padre, Bruce se escapó muchas veces de casa en esos años. Siempre era su madre Adele la que iba a buscarlo. La misma que evitó que en más de una ocasión acabara a las manos con su padre y la misma que le compró su primer guitarra eléctrica. Bruce tenía 16 años y su madre solicitó un préstamo de 60 $ para comprar a su hijo aquel pasaporte a la gloria.

Aquella figura materna le ayudaba a hacer más feliz su vida y le marcó profundamente. El tema “The Wish” es un tributo a ella y es una de las más bellas composiciones de amor a una madre que se haya escrito en la historia del rock. Pero Bruce no puede decir lo mismo de las monjas que tuvo como maestras. Una de ellas llegó al extremo de meterle la cabeza en la basura al mismo tiempo que le decía que ese era su sitio. En el Instituto, Bruce no participaba en ninguna actividad, ni deporte alguno, y menos en los estudios. El desprecio llegó a tal extremo que uno de los profesores llegó a decir que no debía graduarse hasta que no se cortara el pelo.

Pero como le pasó a Jenny, la protagonista de la canción de Velvet Underground, la vida de Bruce fue “salvada por el rock’n’roll”. Motivado por Elvis, y más tarde por los Beatles aprendió por sí solo a tocar la guitarra. Era una época en la que la música llegaba a todos aquellos hogares en los que no había libros, ni rastro alguno de cultura. Más tarde, el propio Springsteen llegó a afirmar que aprendió más en los 3 minutos de cada canción de lo que jamás había aprendido en la escuela.

Aunque parezca mentira nunca fumó porros y rara vez tomaba una copa. Practicaba 8 horas del tirón y la guitarra era su única obsesión. Tanto que 6 meses después de comenzar su aprendizaje debutó en los escenarios. Su primer concierto lo dio con 16 años, el grupo se llamaba Los Castiles y su indumentaria era calcada a la de los Beatles pero con peor gusto. Aquel momento de gloria no hubiera sido posible sin Tex Vinyard y su esposa Marion. Como una Cáritas musical, acogían en su casa a adolescentes con problemas cuyo interés musical podría redimirlos de las calles. Para el debut de Springsteen, Tex tuvo que pedir un préstamo que sufragaría con su ya maltrecha economía familiar, todo para que aquellos “locos” del rock, cumplieran el sueño de subirse a un escenario. Los Castiles llegaron a tocar en varios pubs, a grabar una maqueta y a deleitar con sus melodías en el hospital psiquiátrico de la ciudad.

Para cumplir su sueño americano, la familia de Bruce dejó New Jersey y empezó una nueva vida en California. Springsteen se quedó en la costa este y durante cinco años estuvo dejándose caer por dónde podía. Entre aquellos alojamientos, una habitación en los altos de una peluquería cerrada y una fábrica de tablas de surf, fueron las estancias donde compuso gran parte de su primer trabajo “Greetings from Asbury Park”.

Freehold no ataba a Bruce, así que probó suerte en la cercana población de Asbury Park. Allí se situaba el Upstage Club, un lugar mítico donde los jóvenes músicos de la zona afinaban sus cualidades. En aquel lugar, Bruce concería a Steve Van Zandt, a Danny Federicci y a Gary Tallent, futuros miembros de la E Street Band. Allí y con aquellos hombre surgió el primer grupo formal de Bruce Springsteen, Steel Mill. Hacían rock duro, al estilo de Led Zeppelin pero con mucha menos calidad y recorrido. Dieron algunos conciertos, ganaron algo de dinero pero con el tiempo acabaron buscando otros empleos más rentables. Todos, excepto Bruce.

Su siguiente experiencia fue tan extraña como su propio nombre: Dr Zoom and the Sonic Boom. Era una especie de circo caótico en el que además de todo tipo de músicos había tipos que jugaban al monopoly en el escenario o se dedicaban a hacer piruetas. Lógicamente fue engullido por su propio caos.

Bruce regresó con Van Zandt, Federicci y Tallent, más Sandicious, a la senda del rock. Era 1970, tenía 19 años, y su reencuentro se llamó Bruce Springsteen Band. Aunque sus canciones todavía fluían entre el rock, el pop, el R&B y el soul, sin una definición clara, la formación ya apuntaba maneras e incorporaba a un grupo de coristas y a una sección de vientos. La banda llegó a convocar a más de 3.000 personas en cada concierto que daban po la zona de Asbury Park, convirtiéndose en el grupo resiente del Upstage. Y, por lo que vino a continuación puede que sea uno de los grupos no grabados mejores de la historia del rock.

 

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4 Responses to Bruce Springsteen, un chico de New Jersey

  1. robe 3 mayo, 2012 at 15:07 #

    De Canada llegó hace unos meses “The Light in Darkness”, un extenso volumen de 208 páginas donde el tema de análisis es la mejor gira de la historia del rock, la que dio Bruce en 1978 para presentar el álbum Darkness on the Edge of Town. El fotógrafo Lawrence Kirsch ha compilado un volumen prodigioso con cientos de fotos inéditas de esa gira, junto a docenas de apasionantes historias contadas por los propios fans, testigos de excepción de esas fenomenales noches de rock del 78. Los extensos relatos de conciertos míticos como el Agora, Roxy, Atlanta, Palladium o Winterland nos transportan a una época dorada de la carrera del cantante de Nueva Jersey.

  2. Alex Palahniuk 3 mayo, 2012 at 17:42 #

    Springsteen es un auténtico fenómeno. Conozco a muy pocos artistas que a día de hoy puedan decir que son auténticos aparte de él. Siempre ha experimentado, nunca se ha callado y ha hecho canciones de todo tipo. Es una estrella, lo sabe, y lo aprovecha a la perfección para sus proclamas. Lo dicho: un nombre clave en la música del siglo XX.

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  1. Bitacoras.com - 3 mayo, 2012

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Os voy a contar una historia inédita, hasta ahora. Un día tuve un grupo de rock, se llamaba The Hammer y lo formábamos 3 amigos. Ensayábamos en casa de uno de ellos y además de una guitarra Talmus y un amplificador de 10 wati…..

  2. Los primeros discos de Springsteen —Viajes, Rock y Fotos Viajes, Rock y Fotos - 8 mayo, 2012

    […] de sus primeras experiencias musicales con Los Castiles, Dr. Zoom y, lo que fue un amago de su gran banda, la Bruce Springsteen Band, […]

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