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Flandes en 5 actos

Pertenece a la serie Flandes en 5 actos 

Ambiente en el festival Rock Werchter, Bélgica

Viajar es diseccionar, empezar despedazando un país para seguir con una ciudad, un barrio, una calle, un rincón, una casa, una estancia, un espacio, un momento, una pausa…y así hasta el infinito. Pero también es hacerlo mentalmente a través de una ensoñación, una conjetura, un proyecto, una idea, una visión…hasta llegar al recuerdo. Pero ese recuerdo suele ser nebuloso, y la ficción se hace una herramienta indispensable para repasar lo vivido. Las anotaciones siempre se quedan cortas, y las historias bullen sin fronteras ni territorios intermedios. Al fin y al cabo qué es la literatura de viajes sino mezcla de ficción y realidad.

Hay tres cosas que siempre irán unidas a Flandes en mi memoria: el rugido del “Blunderbuss”, el aroma de la cocina hecha en Zimbawe y la fuseé que llegó a la Luna. Pero nunca sabré si fueron reales o viajadas, sólo que quedarán en mi mente como las cenizas tras la hoguera. La región flamenca y su extensión a la cercana Bruselas se me revela en cinco actos, uno por cada momento y lugar.

Gante, Bélgica

El primero de ellos, con el que aprendí a señorear, sucedió en Bruselas. Allí supe lo que es mirar la vida desde otra altura, con un porte señorial y sin perder ni la sonrisa ni el ritmo. Tejida a base de girones barrocos, modernistas e infantiles, la capital belga crepita hospitalidad y proyección internacional. Desde el centro político europeo todo es negociable.

El segundo acto todavía me tiene atrapado. Si hay una máquina del tiempo tiene que estar en Gante. En la ciudad de los canales pude evocar el medievo, transportarme a un lejano y floreciente pasado económico y a una Europa esponja en la que pensar era una práctica habitual. Su magnetismo es inevitable.

Ambiente en el Couleur Café, Bruselas, Bélgica

Estudiar, y todo lo que este verbo esconde, domina el tercer acto que se desarrolla en Lovaina. La ciudad universitaria por excelencia insufla energías y rejuvenece al más vetusto de los viajeros. Destila vitalidad y buena cerveza entre las grandes cervezas belgas.

Admirar y disfrutar a partes iguales conforman el cuarto de los actos de esta experiencia en Flandes. Una ciudad de la música llamada Rock Werchter en la que todo se vive al ritmo del ¾ y en la que la distorsión no daña la convivencia sino que la enriquece. No todos los días se ve a Pearl Jam y Jack White a pocos metros de distancia.

Y por último, fusionar y mezclar componen el quinto episodio-acto de vivencias (cercanas a la epifanía) flamencas. En Couleur Café está el mundo, un espacio en el que hay representadas decenas de culturas, tendencias, sabores, sonidos y ritmos. En este festival, recorrer el mundo es tan fácil como mirar a través de la ventana.

Plaza Mayor, Grand Market en Bruselas, Bélgica

Cinco actos, cinco verbos que describen cinco situaciones que salieron a mi encuentro en Flandes, marcando el viaje. Calles, monumentos, festivales, situaciones, experiencias  y recuerdos que en los próximos días saldrán de nuevo a pasear para ilustrar un viaje entre lo real y lo soñado.

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4 Responses to Flandes en 5 actos

  1. Pau 17 octubre, 2012 at 15:58 #

    Flandes tiene algo que atrapa 😀

  2. Fran Soler 19 octubre, 2012 at 11:02 #

    algo tiene esta zona que todos salimos encantados y queremos volver…. 🙂

  3. Maria Bertrand Carbajo 21 octubre, 2012 at 0:09 #

    Me encantan las fotos! Qué luz mas bonita!

  4. HD Hotels 23 octubre, 2012 at 15:52 #

    Un destino precioso! 🙂

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