cómo visitar la cueva del castañar en extremadura

14 de marzo de 1967. Como cualquier mañana, Máximo Alonso, un pastor vecino del pueblo cacereño de Castañar de Ibor se levantó, cogió su mula y se fue al campo para labrar la tierra y sembrar garbanzos. Mientras trabajaba notó que algo extraño estaba ocurriendo. Las patas de la mula se hundían en la tierra. Era como si el suelo estuviera engullendo al animal, de tal manera que la mula quedó sentada. Con rapidez, movió a la mula y vio como se había formado un agujero  en el suelo del que salía un chorro de vapor de agua. Sabía que era algo insólito pero Máximo no tenía ni idea de la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Fue así como, por casualidad, hace 5 décadas se descubrió la cueva de Castañar, situada en Extremadura. Durante los primeros años, la cavidad permaneció cerrada a cal y canto, con una reja y un candado. La noticia corrió como la pólvora en el pueblo y alrededores. Más de uno, atrapado por la curiosidad y rememorando a Julio Verne, quiso hacer su particular Viaje al Centro de la Tierra, lo que entrañaba una tremenda amenaza para las formaciones milenarias de la cavidad.  Tres décadas después, para proteger este monumento natural de incalculable valor geológico fue incluido en la Red de Áreas Protegidas de la comunidad autónoma.

Cueva del Castañar, Villuercas, Extremadura

Aún habría que esperar algo más para que la cueva pudiera ser  visitada. Eso ocurrió en 2003. Al principio bajaban 20 personas por cada visita: viernes, sábados y domingos. Con el paso del tiempo, el acceso se fue restringiendo para no afectar al microclima de la cavidad, convirtiéndola en una de las más exclusivas del país.

A unos 216 kilómetros de Madrid, en la comarca de Las Villuercas-Ibores-Jara se esconde la mejor joya espeleológica de España. Una bosque mineral, con más de 570 millones de años de historia, que se formó tras la infiltración incesante del agua sobre la roca caliza.  Para acceder a la cueva hay que descender por una escalera metálica a través de un estrecho túnel, de unos 15 metros de longitud. Se llega así a la galería principal, de unos 200 metros. Comenzará ahí el periplo por un laberinto mágico lleno de sorpresas durante  2.135 metros de longitud. El recorrido será de 50 minutos aproximadamente. Y se hace a unos 17 grados de temperatura, en un ambiente relajante y silencioso que te seduce. Paredes cuajadas de finas agujas de cristal. Paseos entre estalactitas y estalagmitas,  los impresionantes minerales que se forman dentro de las cuevas de diversa composición y originales formaciones geológicas que la dan una deslumbrante belleza natural.  De hecho, en todo el mundo sólo hay 5 cuevas similares a la del Castañar.

La cueva está muy solicitada. De hecho, todos los años hay listas de espera para visitarla. Su acceso es muy restringido. Sólo se puede ver entre la primera semana de mayo hasta la última de septiembre. Hay un total de 4 accesos semanales, controlados con un guía y repartidos entre los viernes, sábados y domingos. El viernes a las 18:00 horas, los sábados a las 12:00 horas y a las 18:00 horas, y domingos a las 12:00 horas. A partir de abril se abre el periodo de inscripción para conocer la Cueva del Castañar. Aquí tienes los pasos a seguir para inscribirte. Las visitas comienzan el 1 de mayo. 

Los horarios y la frecuencia no son arbitrarios. Y es que entre visita y visita, como mínimo, deben pasar 5 horas para que la cueva recupere las condiciones climáticas adecuadas que pierde cada vez que se abre la puerta para acceder a su interior. Un control muy exhaustivo que se realiza desde 2015. Para que os hagáis una idea: en 2003 visitaron la cueva unas 1.508 personas. Y en 2015 lo hicieron poco menos de 400 personas.

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Una joya muy delicada.-

Os preguntaréis: ¿a qué se debió ese cambio en el control de acceso? Tenemos que remontarnos a 2008. Ese año, el domingo 24 de agosto, en una de las habituales visitas, un turista mareado vomitó. Lo que provocó un brote de hongos que motivó  un giro radical a la política de visitas llevadas hasta la fecha. Durante lo siguientes seis años la cueva permaneció cerrada y en ella se realizaron numerosos estudios científicos para preservar el monumento natural. Fue entonces cuando, en la reapertura de 2015, se limitó el acceso a grupos de 5 personas para no alterar las niveles de CO2, la temperatura y la humedad.

Vestimenta de acceso.-

La cueva mantiene un ambiente muy delicado y la entrada de cualquier microorganismo externo puede alterar el equilibrio interior. Por eso, es obligatorio el acceso con botas limpias, sin ningún tipo de restos de la calle.  Antes de entrar se desinfectan. También es necesario llevar un mono que te facilitan allí, sobre todo, para no manchar tu ropa por la estrechez de algunas salas. Y un casco con una pequeña linterna en la parte superior que te servirá para alumbrar el camino durante todo el trayecto.  Y también para protegerte porque en algunos espacios los techos son muy bajos.

Importante. No se pueden hacer fotos porque los espeleotemas (minerales que se forman dentro de la cueva) están muy cerca  de los visitantes y cualquier descuido o movimiento podría romperlos.  Son muy frágiles y al mínimo contacto se desprenden de los techos o de las paredes. Hay que tener en cuenta que un espeleotema crece 2 milímetros cada 1.000 años. Una razón más que suficiente para extremar al máximo la precaución.

Incidencia del gas radón.-

Ahora mismo se están llevando a cabo estudios científicos en la cueva para determinar la incidencia del gas radón en los visitantes. A pesar de que algunas informaciones han llegado a indicar que se trata de la cueva más radioactiva de España, este tipo de gas  no entraña peligro para el visitante al ser muy poco tiempo (50 minutos) la exposición a sus efectos. Pero sí a quién está en permanente contacto con él, como es la guía, que lleva un medidor encima para controlar su incidencia. Por eso, las visitas son tan espaciadas, escasas y sólo durante un periodo de tiempo.  Lo cierto es que este gas se concentra en el interior debido a la escasa ventilación que existe, algo normal si hablamos de un cavidad subterránea, estrecha y profunda.

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Las Villuercas, los apalaches extremeños @conlacamaraenlamano.com

El entorno.-

Para completar tú visita al norte de Cáceres, te proponemos un paseo por un entorno privilegiado:  la comarca de las Villuercas Ibores Jara donde predomina una exhuberante naturaleza.  Varias sierras dan vida a este enclave natural como son la sierra de las Villuercas que recorre la comarca de norte a sur. Podéis disfrutar de ella por la carretera Ex-118 que comienza en la autovía A-5, a la altura de Navalmoral de la Mata hasta Guadalupe. Las otras  sierras son la Palomera; la sierra de Altamira, que limita con la provincia de Toledo y la sierra de Guadalupe, entre Cañamero y Logrosán. Muy recomendable, si vas en verano, el embalse de Valdecañas. Y todo este periplo por el norte de la provincia cacereña se hace mejor acompañado de la gastronomía autóctona,  como el ajoblanco, las migas extremeñas o la miel y quesos con Denominación de Origen de los Ibores.

Un viaje a la cueva más exclusiva de España
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